lunes 8 de febrero de 2010

Incertidumbre

El domingo almorcé con papá y Nora que volvieron de sus vacaciones. Charla va charla viene, papá nombra a Franco.
Le dije que suponía que estaba bien, que se había ido de vacaciones y me metió la excusa de que necesitaba arreglar no sé que asuntos legales.
Pero porque no lo puede llamar directamente a Julio (el padre), después de todo Franco ya no trabaja más con él y mucho no iba a poder hacer porque esta estudiando….

Nora me miraba y no sé si vio que me puse incómoda o que, pero salto con otro tema. Pero papá evidentemente no quedó muy conforme con mi contestación porque espero a que estuviéramos solos y volvió con el tema.

No fue tan difícil porque de la mayoría de las preguntas que me hizo no sabia la respuesta. Así que fui totalmente sincera.
Finalmente terminé dándole el número de Nacho para que solucione su “asunto legal” ya que me dijo que trató de comunicarse con Julio pero que esta de vacaciones.

Increíblemente el interrogatorio terminó y después de un rato me fui.

Volví a casa y Cande se puso a cebarme unos mates.
Cande me hablaba y yo no la escuchaba, me repetía las cosas pero yo no podía seguir la corriente de la conversación.
Mi papá había despertado en mí el bichito de la intriga.

- Donde esta Franco, Cande?

No pude evitarlo. Desde que salí de casa (la de papá) no paro de sonarme el nombre de Franco en la cabeza. Pero pensando en eso me di cuenta de que había algo esencial que no sabía, y era donde estaba. Así que se lo pregunte a Candelaria.

Resulta que ella no sabe. Dice que trató de llamarlo varias veces pero que solo le contestó un mensaje.

Cande prometió averiguarlo y yo ahora quiero saber donde esta.

jueves 4 de febrero de 2010

Connotaciones buenas

Anoche, pasadas las ocho y media estábamos con Cande en una heladería y me llamó Ian para invitarme a tomar algo.
No sabía que hacer porque recién habíamos salido de casa pero Cande me hacia señas para que fuera.
Volvimos a casa y me cambié la musculosa de algodón por una musculosa de modal color marrón y arriba una de esas blusas de gasa que se trasparentan color natural y en los pies unas chatitas combinando con la blusa.

Segundos después de terminar de cambiarme tocó el timbre y bajé.
Fuimos a tomar unos tragos y también bailamos. No dejó de decirme cosas en el oído en todo momento.
Sus manos en mi cintura, nuestras respiraciones agitadas por el calor insoportable del lugar y sus besos eran terriblemente tentadores.
Fuimos un rato más a la barra y después nos fuimos.

Camino al auto le pregunté como estaba con la mudanza y me dijo que bien pero que todavía era todo un lío y que por eso no me había invitado.
Le hacía chistes y le dije que claro, que no iba a mostrar su parte desordenada, que no era posible… lo dije tratando de imitar su voz y buscando una forma de desafiarlo.

Nos subimos al auto y arranco sin decir nada. Un rato después llegamos a la puerta de un edificio en el mismo barrio en donde fuimos a cenar la primera vez y entro el auto en la cochera.
Estacionó, se bajó y fue del otro lado para abrirme la puerta.. yo me estaba riendo.
Me bajé y me arrinconó contra la puerta y a centímetros de mi boca me preguntó de forma pícara de que me reía y me beso.

Subimos a su departamento… muy lindo por cierto, con grandes ventanales que dan a la calle. Paredes blancas, sillones negros de cuero, equipo de música en el piso y muchas cajas por todos lados, por la reciente mudanza.

Me acerqué al ventanal para ver la vista.
- Es muy lindo Ian –dije dándome vuelta buscándolo, estaba poniendo música-

Se fue acercando de a poco con su mirada clavada en la mía y mostrándome su sonrisa contagiosa.

- Sabias que tu sonrisa es contagiosa? –le dije sonriendo yo también-
- Me lo habían dicho… -dijo pícaro-
- Me imagino –dije poniendo mi mano derecha en el cuello y haciendo una especie de masaje-
- Que tenes?
- Estoy un poquito contracturada
- Vení… -dijo extendiendo su mano derecha, había un banco de esos altos y me hizo sentar ahí y me corrió el pelo para un costado y empezó de a poco a hacerme masajes-

Me saqué la blusa de seda y me quedé con la musculosa. Me hacia masajes desde el cuello hasta los hombros y presionaba con los dos dedos gordos el centro de mi nuca.
Mientras tenía mis ojos cerrados gracias a esos masajes fantásticos y relajantes iniciaron los besos en la espalda.
Me di vuelta, para estar frente a frente, y empezamos a besarnos.
Mis manos se aferraron a su cuello, mientras que las de él estaban en mi espalda por debajo de mi ropa.
Me pare del banco mientras que le sacaba su remera y la dejaba caer a un costado.

Tardamos en llegar hasta la habitación, en el camino me saco la musculosa y nos empujábamos contra cada pared que se interponía en nuestro camino.
No tardó en encontrar mi punto débil, los besos en el cuello y sus manos en infinitas partes de mi cuerpo impedían cualquier tipo de pensamiento racional.

De alguna manera logramos llegar al cuarto… besándonos y acompañando mi cuerpo con el suyo me fue recostando en la cama.
Desde mi boca, cuello y hombros fue bajando por mi pecho hasta mi panza.
Muy delicadamente fue desabrochando los botones de mi jean y a medida que los iba bajando iba recorriendo mis piernas con besos.

…Y bueno, el resto pueden imaginarlo por si solos...

Ian fue muy dulce y tierno en todo sentido. Sus caricias me hicieron sentir bien y cómoda en todo momento.
Estuvimos un rato juntos y después le pedí que me llevara a casa porque me tenía que levantar temprano y no tenía ninguna de las cosas que necesitaba para empezar el día siguiente.

A eso de las dos de la madrugada me llevó hasta casa y me despidió con muchos besos.

Ian me gusta… mucho… y me atrae demasiado pero más allá de eso anoche cuando entré al departamento y cerré la puerta me quedé ahí parada por un rato.. me sentía rara; me siento rara, y se me hace confuso verme así ahora, con él.

Pero bueno, supongo que es algo raro pero con connotación buena.

jueves 28 de enero de 2010

Poniéndonos al día

Desde la cena de la otra noche nos vimos con Ian dos veces más.
-El domingo a la tarde que fuimos a tomar un café antes de que me fuera a despedir a papá que se iba de vacaciones.
- Y ayer.

Ayer, después de almorzar me llevo hasta casa y lo invité a que suba a tomar un café.
Tomamos el café sentados en el sillón y después empezaron los besos, las caricias…
Recostados en el sillón, con él arriba, besándome y con su mano debajo de mi remera escuchamos que se abría la puerta y alguien tosió para interrumpirnos.
Nos sentamos inmediatamente y vi que era Cande.

Ian se acercó a ayudar a Cande con unas bolsas que traía y conversaron unos minutos mientras que yo me puse a juntar las tasas, y después dijo que tenía que irse.
Lo acompañé hasta abajo, nos despedimos y volví al departamento.

Fui a buscar a Cande que estaba en su habitación y le pedí que habláramos.
- Sos una tonta, desde cuando no podes contarme algo así? –dijo Cande cuando le confirmé lo que había visto en el living-
- No es eso, que se yo. En realidad me siento re rara con todo esto y por un lado me siento bien y es todo nuevo entre nosotros… sin pasado –dije inevitablemente pensando en Franco- Sabes a que me refiero…
- Se a que te referís... Yo sé que aunque no quisiste hablar de lo que paso con Franco, te dolió pero si vos crees que estar con Ian, te hace bien y es lo que necesitas; estoy feliz por vos.
- Me dolió y me duele… pero bien dijiste, no quiero hablar de eso. Pero las cosas con Ian son diferentes, me trata bien, me divierte, me hace reír, cosa que hace mucho tiempo no hacía. Y más importante todavía.. me gusta, me atrae.
- Me parece que esta bueno que busques estar bien… y si es con Ian es con Ian.


Seguimos hablando de cómo se dieron las cosas pero lo más importante supongo que fue lo que escribí.
Me hizo bien hablar con ella, contarle lo que me pasa con Ian, decirle que no es fácil para mí pero que con él todo parece fácil, tranquilo.

No creo que esa facilidad y esa tranquilidad dure para siempre, o sí, no sé. Pero esta paz conmigo misma que estoy teniendo ahora no la cambio.

domingo 24 de enero de 2010

La velada

Durante el día no recibí ninguna noticia, pero estaba segura de que Ian iba a estar ahí a las 21 hs como dijo la noche anterior.
Lo tomé con calma, con demasiada calma.
Estaba sola en casa así que me bañé cerca de las ocho y me quedé en bata hasta eso de las 20:40.
Fui a mi cuarto, y me puse un jean y una remera de modal gris liso. Me maquillé con una sombra marrón y me puse un poco de brillo en los labios.

20:47 “Espero que tu respuesta sea un sí porque te estoy esperando… bajás?”
De: Ian

Le contesté el mensaje, me puse unos zapatos azules haciendo juego con la cartera y baje.
Visualicé el auto en el mismo lugar que la noche anterior y a él parado en la vereda con jeans, mocasines color crudo y una camisa cuadrillé azul y beige.

Fuimos a un restaurant en Puerto Madero. Un lugar con un ambiente tranquilo, hasta romántico, con velas y luces estratégicamente ubicadas.

Me sorprendió que tuviera una reserva, y eso definitivamente confirmaba mi teoría de que no solo tiene una buena respuesta para todo sino que es de esos hombres que no aceptan un no como respuesta.

Fuimos a la mesa y sostuvo mi silla para que me sentara.

- Como estabas tan seguro de que iba a decir que si?... digo, estar en la puerta de mi casa, la reserva… -dije mientras él se sentaba-
- No sos predecible como para poder adivinar que ibas a hacer, pero tenía que arriesgarme.

Ordenamos para comer y seguimos conversando.
Me contó que a los 20 decidió irse a vivir solo y que cuando su hermana cumplió 21 la ayudo a que ella se fuera a vivir sola.
Me dijo que había pocas cosas que le dolieron en la vida pero que las superó… “si se quiere se supera”-dijo y por un momento no pude evitar pensar en Franco.
Que su sueño desde chico fue volar y que lo que sintió la primera vez que lo hizo es indescriptible.
De eso, y de miles de cosas.

Fue tan agradable estar ahí, escuchando… escuchándolo.
Pero como no podía ser de otra manera llego mi turno. Si bien no me gusta hablar de mí, me resultó cómodo y le conté un poco de lo que es mi vida.
Sobre como fue que así como decidí ingresar a estudiar derecho, al año decidí dejarlo. Que mis pasiones de toda la vida fueron la fotografía y la pintura, acompañadas de la música.
Que me gusta demasiado ser independiente y todo lo que eso conlleva.
Que me cuesta horrores pedir ayuda, y que no lo hago. Que soy desconfiada pero no paranoica.
Que tengo amigos desde hace mucho tiempo y que son muy importantes para mí.
Y que sobretodo me cuesta reconocer las “pocas” cosas que me dolieron en mi vida y que no hablo de ello.

- Me parece que dije muchas cosas -dije cuando termine de hablar-
- Vos sabes que te veo así, así como inmanejable, dura, fuerte más que nada… Y también me imagino que no te gusta que se te escape nada.
- Se nota? –dije pícara-
- Bastante, si. Pero no me asustas eh… al contrario.

Por momentos no sabía que contestarle, y me quedaba callada hasta que sacaba otra pregunta.
Fue así durante la cena pero no cuando fuimos a caminar alrededor del dique.

Estuvimos callados… solo había miradas, “ese” tipo de miradas. Y por más que quise evitarlas no puede porque la atracción era más fuerte.

De repente dejamos de caminar y nos quedamos frente a frente mirándonos a los ojos.
Me acerqué un poco más a él y deje que el hiciera el resto.
Estuvimos así, cerca por unos segundos que para mí fueron eternos. Me agarró del cuello con una mano y con la otra me acariciaba el brazo, mientras que nuestras narices estaban totalmente unidas.
Nuestras respiraciones se estaban mezclando cuando me acercó unos milímetros más a él, movió su cara para respirar el olor de mi piel desde mi oreja hasta la comisura del labio y me beso.

Me encantó. Fue tierno pero el deseo le puso una pizca de urgencia. Y de repente se iba haciendo más profundo y no podíamos despegarnos… ni queríamos.
Después del largo tiempo que duro el/los besos me alejó unos centímetros y me dijo que le fascinaba, para volver a besarme con ese mismo vigor que tanto me gustaba.

Seguimos caminando un rato más y a eso de las dos de la madrugada me llevo a casa.
Se bajó del auto y seguimos con la serie de besos en la vereda del edificio.
Después de unos 30 minutos entré y cuando subí al ascensor todavía lo veía parado al lado de su auto.

….Y lo único que tengo para decir es que me gustó, y mucho.

miércoles 20 de enero de 2010

De la sorpresa a la intriga... y todo en una misma noche

Esta noche fui a casa de papá para cenar con él ya que iba a estar solo porque Nora se fue unos días con su hermana a Punta del Este.
Lo que yo no sabía era que Ángela, esposa de Jorge y madre de Ian, también fue con ellas y para celebrar su descanso de mujeres, los hombres decidieron celebrar con una cena.

Insistí en irme y dejarlos solos pero la insistencia de ellos fue mayor.
Pusieron un plato más y escuche atentamente sus charlas cuando no tenía que decir, mientras que otras veces no podía contener mi risa provocada con las humoradas de Jorge.

Estuvimos un rato de sobremesa y después nos fuimos al living a tomar café.
Ian se sentó al lado mío… y cuando terminamos me acompañó a lavar las cosas que se fueron acumulando a lo largo de la cena.
Alrededor de las diez agarré mis cosas para irme y papá me ofreció su auto ya que yo había ido sin el mío, pero no hizo falta que me lo prestara porque Ian se ofreció a llevarme con la excusa que él también se iba.
No pude negarme… con que excusa lo iba a hacer?, y después de todo no me desagradó del todo la idea.

Salimos y me abrió la puerta para subirme al auto. Dio la vuelta y subió él.

- Me vas a tener que guiar porque no sé donde queda tu casa… -dijo sonriendo-
- Ok, yo te guío.

El viaje fue bastante corto ya que no vivo demasiado lejos de la casa de mi padre, así que hablamos de pocas cosas y una de ellas fue que estuvo viendo unos departamentos ya que planea extender más sus vacaciones.

Llegamos, y estacionó su auto en la puerta del edificio. Pero no me bajé.. él se acomodó de costado para mi lado y yo me quedé en mi lugar.

- Te invito a tomar algo…
- … es tarde y mañana me tengo que levantar temprano
–se rió, obviamente es la excusa más patética que di en mi vida, pero que iba a decirle?-
- No hay problema –dijo con su voz firme-

Abrí la puerta y atiné a bajarme pero volví a cerrarla.
- No es con vos la cosa, es solo que no tengo ni la más mínima intención… quiero estar sola –dije seria-
- Demasiado complicado y rebuscado… -dijo y levanté la mirada, me resultaban familiares esas palabras- fue lo que me dijiste sobre el amor.
- Exactamente.
- Y si no fuera tan así?, y si por alguna razón pudieras cambiar de opinión? – me sonreí mientras negaba con la cabeza-
- Sos de los que siempre tienen una contestación para todo, no? -se rió e hizo una caída de ojos como para darme la razón-

Me bajé del auto y antes de que cerrara la puerta me pregunto si me pasaba a buscar mañana a las 21 hs. Me agaché para poder verle la cara y que viera la mía, me sonreí y le dije: “Mmm, lo voy a pensar..”.
Cerré la puerta y entré al edificio para entrar a casa, bañarme, ponerme en pijama y escribir esto.

No sé que estoy haciendo. Pero no me gusta quedarme con la intriga.


P.s.: Prometo pasarme tan pronto como pueda por los blogs. Estos días están siendo complicados y llenos de trabajo, pero ya voy a poder ponerme al día.

lunes 18 de enero de 2010

MMM

Resulta que iba a pasar un fin de semana con mi papá y Nora en la casa de San Isidro y resultó ser que de ser solo tres personas terminamos siendo siete.

El domingo a la mañana me llama Cande para decirme que se había peleado con Lucio.. bla bla bla, y dos horas después estábamos hablando personalmente.
Y al mediodía suena el timbre y cuando abro la puerta ahí estaban parados Ángela, Jorge y como no podía faltar… Ian.

Últimamente estoy teniendo varias coincidencias con él, si no es en casa (con casa quiero decir en casa de Víctor, papá) o como a mitad de la semana pasada en un restaurante.

Cuando lo ví me sonreí y supongo que el tampoco pudo evitar hacerlo ya que hizo lo mismo.

Llegaron puntuales para el almuerzo así que nos sentamos a la mesa casi inmediatamente. Hablamos mucho, de diversos temas (tengo que decir que se puede tener una charla más que interesante con él) durante la comida y después cada quien formo sus respectivos grupos.

Yo me fui a buscar un libro y me recosté en la sombra a leer; mientras que Cande tomaba sol.
Más tarde, teniendo en cuenta el calor inhumano que hacía, Ian se acercó a ofrecerme limonada y se quedó sentado al lado mío.
Obviamente deje de leer mi libro, para no parecer una mal educada y nos pusimos a charlar.
Me contó un poco más de su vida y etcs.. etcs
Las charlas con Ian son… diría que fluidas, y por momentos hasta divertidas.
Me da la sensación de que es ese tipo de persona con la que simplemente pasan las horas y ni cuenta te das, pero que no sentís que perdiste el tiempo, me explico?

Ya cerca de las 20 hs Cande y yo emprendimos marcha a casa… y me agarró pánico cuando me dijo que no veía reír de la manera en que lo había hecho con Ian en mucho tiempo.

Si, bien digo, pánico.
Lo que menos quiero ahora es meterme en algo que ni quiero imaginarme.
Se supone que mi firmeza esta en desintoxicarme de los hombres; y ahora me vengo a reír con esta persona que aunque me cuente reconocerlo me cae más que bien?

jueves 14 de enero de 2010

Have good trip

El viernes pasado estábamos en la casa de Lucio y unos minutos antes de que me fuera Franco me pidió que habláramos. Accedí.
Saludé a todos, salí y lo esperé en la puerta.

Me dijo que se iba, que quería pensar y alejarse un poco de todo. Que no sabía por cuando tiempo.
Yo no sabía que reacción tomar, que decirle, solo asentí con la cabeza.

Ambos nos quedamos un rato callados, yo apoyada sobre el capó del auto y él enfrente mío.
Después me pidió disculpas por lo que había pasado en la costa en navidad y me dijo que aunque no me parezca, para él es difícil todo lo que pasaba entre nosotros.

Empecé a ponerme molesta, no quería hablar sobre eso.

- Es necesario volver con lo mismo Franco? Digo, ya está, no podemos hacer nada. Tratemos de conservar nuestra relación de la mejor manera posible.
- De verdad queres eso? Tratarnos como si entre nosotros no pasara nada? –no contesté-

Él se alejó y caminó unos pasos. Era evidente que la charla resultaba dura para ambos.

Le dije que me iba, se acercó y me saludo y yo me subí al auto y manejé hasta casa.

El domingo me enteré que se fue y creo que es lo mejor. Estoy tratando de poner mi cabeza en otras cosas, estoy tratando de estar tranquila.
Y lo estoy logrando.