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…mejor empezar a escribir. O
por lo menos intentar.
La semana pasada fue como un boom. Como si de golpe, y después de mucho tiempo
surgieran cosas con las que preferí llamarme a silencio.
Hace dos meses me separé de Franco.
Y hace media hora que estoy sentada en frente de la pantalla de la computadora,
y trato de ver cómo seguir escribiendo, pero ya no sé.
Me congelé. Quiero sol YA.
Lo exijo.
Basta de invierno, necesito solcito para alegrar mi día y sentarme en el sillón
para que me dé calorcito. Soy lo más friolenta que existe y no hay taza de
café, ni medias que me caliente desde hace tres días.
Ya no tolero la gangosidad de mi vos, ni la nariz tapada que provoca que se me
seque la garganta y el paladar como si hubiera una centrifugadora adentro de mi
boca que la deja seca.
Evidentemente este no es un invierno para mí, estamos enojados... o así parece.
¿Está mal que hace dos días lo único que hago es jugar
en el piso sobre una manta con Helena y Enko, que por cierto me dieron vuelta
toda la casa?
Cada vez que viene va dejando algún juguete nuevo. Y
si seguimos así, ya no hay estantes que aguanten, ni más Emilianas que corran a
Enkos para sacarle dichos juguetes.
Momentos de felicidad si los hay.
Otra vez con 39 y medio de
fiebre.
Parece mentira, pero últimamente las únicas veces en las que me paso por acá es
cuando estoy enferma.
Miento, si recapitulo, en realidad hace como diez días me senté a la mesa delante
de la notebook con las manos entre las piernas mirando la pantalla. Después de
media hora estaba en cero y sin haber tipiado ni un punto. No había palabras.
Hoy, y después de tres días de estar encerrada, saqué a Enko a dar una vuelta que
me estaba volviendo loca y lloraba paradito al lado de la puerta para salir.
Ahora estoy tapadita, adentro de la cama y con el chancho dormilón que ya
entregó el rosquete.
Brutal
faringitis me agarré. Un simple resfrío que se pasó para el otro lado.
Papá vino hoy a cuidarme como si tuviera tres… y de paso sacó a pasear a Enko
que no salía desde ayer a la tarde cuando finalmente, y después de no parar en
toda la semana, caí en cama.
Ahora estamos con mi hermoso cuatro patas en la cama, él boca arriba durmiendo
y yo escuchando a Jorge Ibañez en el 13 cantando una canción de Enrique
Iglesias… terrible.
Y así extraño muchísimo más a Fran que está de viaje.
El viernes Franco se había
ido a Córdoba a ver a los Pumas, y yo el sábado a la noche me quedé a dormir en
lo de papá. Fran llegó el domingo cerca de las tres de la tarde, ya que venía
directo de Córdoba y cerca de las cinco nos fuimos para su casa. Los dos estábamos raros, distantes, venimos con una discusión atrás de la otra y
en los últimos días ya ni eso. Digamos que entramos en un estado de anestesia.
Volvimos cerca de las ocho, sin hablar en todo el viaje y después de estar en
casa un rato también sin decir una palabra empezamos a hablar de cómo están las
cosas, de cómo los celos constantes desde que llegó están jugando un papel
demasiado complicado y que estamos cansados de que así sea.
Después de una semana entera lo convencí para que se quedara a dormir.
- No la hiciste nada fácil estos días eh –me quejé mientras nos mimábamos en el
sillón-
- Para mí tampoco fue fácil –me dijo mientras besaba su cuello- Te extrañé
demasiado.
- Yo más...
No sé ni siquiera como
empezar a escribir, así que respiro hondo y arranco como me salga.
El fin de semana Franco se fui a San Juan a ver a Los Pumas, fue y vino en
auto, y llegó agotado el domingo a la noche.
El lunes, día de locos para mí, tenía que salir bien temprano de casa y ya
amanecimos con un chiste, un retruco y para la tercera ya apareció el enojo. Él
se bañaba, yo preparaba el desayuno. Timbre. Miranda. Qué hacía en casa y a esa
hora?, le abrí y le serví un café.
Ella inspeccionando todo, como siempre, desayunamos los tres juntos y yo la
miraba sabiendo que algo quería decir, conozco esa mirada y ni bien encontró el
momento preguntó “Están conviviendo?”.
Como ya dije, día larguísimo, llegué a casa cerca de la una de la madrugada
tratando de comunicarme con Fran como había hecho durante todo el día. Llego y
veo la llave de casa que usa Franco arriba de la mesa, y obviamente entendí el
porqué de la incomunicación de todo el día. Así como estaba agarré la llave y
salí para su casa. Cuarenta minutos esperé en el auto con Enko durmiendo en el
asiento del acompañante.
- Me hubieras mandado msj si estabas acá… -me dijo mientras entrabamos al
departamento-
- Para que me contestaras como al resto de los msj que te mande durante todo el
día? –no me contesto nada- Y esto se te calló en la mesa o te las olvidaste? –le
dije mostrándole el llavero-
- No vivimos juntos así que es lo mismo
- Así que todo el problema de hoy viene por lo que le conteste a Miranda hoy a
la mañana.
- Bien dijiste, el problema de HOY…
Y sí, desde que llegó del último viaje parece que no podemos hacer dos cosas
sin discutir por una. Sus celos están saliendo con fritas.
- El problema no es el qué sino la forma, se te transformó la cara cuando tu
mamá te preguntó… estabas pálida como papel, te pusiste nerviosa como si
hubieran descubierto que tenías un muerto debajo de la alfombra –mmm, digamos
que un poco de razón tiene, Mirando me pone por demás nerviosa, así que sumado
al tema de la convivencia era como una combinación explosiva- Prácticamente
estamos todo el tiempo en tu casa…
- Desde que volviste de viaje no, estás más ocupado en enojarte –me miró con
mala cara, obvio, y empezó a caminar por todos lados- Qué? Exagero?
- Tengo el mismo derecho que vos para estar celoso…
- No tenes motivos..
- Y vos si? –dijo más enojado-
Discusión. Tres de la madrugada, que me decía que me llevaba a casa, que me
negué, me fui sola.
“Hace una hora te fuiste y no me contestas los mensajes, por lo menos decime si
llegaste” –mensaje de él-
“Llegué” -respuesta-